Dejamos por aquí los avances del proceso de creación del Mito de Hackerina
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INTRODUCCIÓN – PLANTEAMIENTO
ESCENA 1.1 descripción ColaBoraBora

Erase muchas veces, un lugar de tantos.
Un lugar de tantos que no se podía situar en un mapa, pues estaba en cualquier parte a cualquier hora, de cualquier día. Podríamos ponerle la dirección que quisiésemos o nombrarlo como más nos apeteciese, yo hoy por ejemplo, le llamaré Colaborabora, y diré que es una isla. Cuando tú cuentes este cuento, puedes llamarlo como te apetezca, incluso puedes ponerlo en otro idioma, o llamarlo ¡splásh! , umm o tristrás. No es importante cual fuera este lugar, su nombre o su localización, lo realmente importante y por lo que contamos esta historia, es por lo que allí ocurrió.
Colaborabora era un sitio lleno de vida, donde la gente entraba y salía[abierto]. Donde quien quisiera[heterogéneo], viniera del lugar que viniera, y fuese al destino que fuese, podía pasar a vivir un tiempo, o toda una vida, o solo un ratito bien pequeño. Era este un lugar muy cambiante[mutable], donde nada era fijo o definitivo, puesto que eran sus propios habitantes quienes decidían sobre cómo hacer las cosas[construcción colectiva], de manera que si acordaban que se comenzaba el colegio a las 12 de la mañana, porque a las 11 era la mejor hora para ir a coger mariposas, pues así se hacía.
Había también en Colaborabora múltiples plazas y parques, sitios donde reunirse a la sombra…o tomando el sol, espacios donde trabajar con el ordenador o pintar sobre la pared o la pizarra, había mesas y sillas sueltas por las calles que podías coger y usar por ejemplo, para merendar o para estudiar. En estos lugares para encontrarse y convivir[compartir/esp.critica y encuentro,transformac social] sus habitantes pasaban mucho tiempo, hablando entre ellos, compartiendo ,debatiendo sus problemas y también sus sueños, jugando juntos, imaginando nuevas maneras de hacer las cosas, por ejemplo, sembrar tomates: “yo querría usar mi balcón” ,dijo Manuela la cartera, “pero es muy estrecho y no me caben macetones”. “Pues habrá que crear unos maceteros verticales, donde los tomates crezcan hacia arriba” , le contestó Paco, el agricultor/escultor. [diálogo/inteligencias colectivas]
Eran habituales los casos de dudas culinarias: el arquitecto Miguel , no tenía ni idea de cómo hacer un gran gazpacho, siempre se preguntaba cuánto vinagre debía echar. Para buscar una solución colgó un papel en una plaza donde se leía: “Se buscan expertos en gazpacho, nos vemos el lunes por la tarde en el bar de Leti y Azahara” Y allí que se dieron cita diez personas de Colaborabora que no se conocían aun, dispuestas a ayudar a Miguel. Y ya podeis imaginar lo que ocurrió, no solo hablaron de gazpacho, sino que alguien sacó el tema de las ensaladas, y otro habló de pucheros y lentejas, también debatieron sobre postres…y así, además de que hicieron grandes migas (y nunca mejor dicho), decidieron que una vez a la semana se reunirían, para imaginar nuevas recetas y seguir compartiéndolas. Incluso algunos se juntaron para montar un pequeño restaurante donde servían ricos platos.[económico/productivo+procomún]
Como ya habreis imaginado, la gente en Colaborabora era muy feliz. Pensaban juntos su mundo, debatían sobre cómo mejorarlo y luego actuaban para lograrlo. Trabajaban en común para hacer de Colaborabora el lugar que soñaban.[hazlo tú mismo]
ESCENA 1.2 descripción árbol del conocimiento
Había algo en ColaBoraBora que aun no hemos descrito, pues merece especial atención y mimo.
Lo que ahora os relataré era algo así como el corazón de la isla. Se veía desde cualquier punto de enorme que era y estaba presente en la vida de todos. Se trataba del Gran Árbol del Conocimiento, un árbol muy especial que guardaba el conocimiento que no se puede tocar. Los colaboraborianos se esmeraban en cuidarlo y mantenerlo fuerte y frondoso pues estaban orgullosos de él ya que había sido gracias al trabajo de todos que había crecido y seguía creciento.
El GAC era inmenso. Sus ramas eran muy fuertes y largas. De las más grandes salían otras más pequeñas, que a su vez tenían ramitas más cortas, que podían estar incluso entreñazadas. Era imposible saber cuantísimas ramas había. De éstas últimas pequeñas colgaban los frutos, que también eran imposibles de contar. Se veían frutos de mil colores y tamaños, algunos luminosos, otros con formas circulares o puntiagudas, había frutos que recordaban a bombillas o a libros, otros con formas de nota musical o de taza. Estaban los frutos que parpadeaban y algunos que eran casi transparentes.
¿Y cómo se guardaba este conocimiento?
Las ramas más grandes de este árbol albergaban los distintos temas, así en ellas podíamos leer…matemáticas, música, colores, números, biología… Los frutos eran las ideas, los sueños y los nuevos inventos. Las raíces permitían conectarse y acceder a todo ese conocimiento y éstas se extendían por toda ColaBoraBora de manera que quien quisiera, cuando quisiera, con quien quisiera y desde donde quisiera podía acceder a él facilmente.
Lo mejor de este árbol era cómo crecía. Cada vez que los colaborarianos se juntaban para trabajar, o para imaginar o inventar compartiendo, las ramas se hacían más fuertes, más largas. Cuando del trabajo en equipo salía alguna idea nueva, o reinventada, o ampliada, al árbol le salía un nuevo fruto. Por ejemplo, Ángel y Jaime estaban trabajando sobre huertos, en la rama de la biología y se imaginaron un huerto con patas para poner en su azotea, pues a la pequeña ramita donde se leía “Angel y Jaime”, le salía un nuevo fruto.
Os preguntaréis también cómo podía uno explorar un árbol tan interesante .Pues era muy sencillo. Podía hacerse de manera individual o en grupo, trepando las ramas, escalandolas , girando sobre ellas, descansando un rato y volviendolas a trepar. Así, uno podía investigar por la rama de las mátemáticas, pasarse luego a la subramita de los algoritmos, y continuar por la de las deribadas. A veces los colaborarianos saltaban de rama en rama, por ejemplo, de la de la música a la de los colores.Ocurrían también encuentros con otros colaborarianos por el camino, quizá gente que había explorado intensamente otras ramas, que eran casi expertos en ellas, con quien era más sencillo y divertido recorrer nuevos caminos.
Como en ColaBoraBora no paraban de trabajar juntos, de inventarse su isla y de ver qué maneras había para vivir mejor, el árbol no paraba de crecer. No paraban de brotar nuevas ramas y nuevos frutos. Cuanto más actividad había entre las gentes, más y más frondoso y bonito se ponía el árbol.
…seguimos
















