Nuestra fenomenal escritora, Izita, nos regala hoy un nuevo paso en la construcción del Mito de Hackerina. Si creíais que en Colaborabora todo iba requetebien y no había razón por qué preocuparse, no dejéis de leerlo.

Hoy también podemos compartiros los primeros bocetos de Colaborabora que el equipo gráfico ( Carla y Miguel ) está generando. Podéis valorar varias visiones de Colaborabora y el Gran Árbol del Conocimiento en dos versiones una Robociclante total y otra más natural… Las siguientes imágenes tratarán de unir ambos conceptos…

Seguimos invitandoos a que comentéis, aportéis y hagáis revisiones de la historia y su devenir.

Después de esto os dejamos con el arranque de la segunda escena!!! Esperamos que os guste!!!

¡¡¡Gracias!!!

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<<Viene de la Escena 1…

Imaginad el trajín de personas que iban y venían a Colaborabora deseando vivir y participar de un mundo construido entre todas y todos, deseando aprender y trabajar en torno al GAC.
En este trasiego de entrar y salir de gentes de la isla, aparecían personas de todo tipo. Algunas con mucha experiencia en trabajos creados entre grupos de personas, otras,  con poca,  pero con muchas ganas y energías de aprender a hacerlo;  visitantes que simplemente tenían curiosidad por saber cómo era un mundo creado a la manera colaboraboriana* y otros que volvían de recorrer lugares parecidos a nuestra isla. Llegaban gentes atraidas por la existencia del GAC , por lo fértil que era, la cantidad de frutos  que daba, y la rapidez con que le crecían ramas y ramas nuevas.
Pero algunas de estas personas que entraron en Colaborabora, eran algo distintas. No eran precisamente las ganas de participar de aquello lo que las atraía, ellos y ellas…tenían… digamos….otros planes en sus cabezas.
Eran personas aquellas, que no entendían cómo podía nadie desear compartir sus ideas para hacerlas posibles y mejores con la ayuda de otros. Imaginaros que estas personas no estaban tan felices, no hacían de su día a día una cotidianidad divertida, y de crecimiento con los demás.  Se les solía ver solos o a lo sumo, con otros como ellos.
Una de sus caracerísticas más curiosas era que no caminaban unos al lado de los otros, de la mano, o en grupos como los colaboraborarianos, sino que se paseaban por la isla en una linea recta, en una fila perfecta, uno detrás de otro. Además era esta una linea muy particular, el primero era el que llevaba la voz principal, el que justo iba detrás hacía lo que él decidía, el 3º lo que decía el 2º y así hasta el último. Nunca se les veía reunidos dialogando o debatiendo, siempre era el 1º quien hablaba, y a veces el 2º, el resto, sólo asentían con la cabeza o tocaban las palmas.Nadie podía levantar la mano y decir lo que pensaba, si el número 1 no lo permitía.Qué aburrido ¿verdad?


Estas personas nuevas,a las que si os parece bien, comenzaré a llamar “los señores solitarios, o los in-compartidos  empezaron a mezclarse con los colaborarianos, a ver su manera de vivir y a conocer los nombres y las vidas de muchos vecinos.    Cuando pasó un tiempo, que no sabría yo medir, comenzaron a hablar de algunos temas que sonaban muy desconocidos a los colaborarianos. Usaban ellos un sistema para transmitir sus ideas muy concreto: nunca hablaban en grupo, nunca se reunían con varios vecinos al mismo tiempo para tratar los “asuntos” de los que os hablo, siempre lo hacían de manera individual, cuchicheando y a espaldas de los otros, sin compartir. Así, le preguntaron a Julio que cómo era posible que compartiese en el árbol el fruto  de sus ideas, allí, al alcance de cualquiera, en un lugar donde quien quisiera podría llevarselo y esconderlo, o copiarlo. También hablaron con Merie de que si solo ella conocía las recetas de sus deliciosas tartas, todos se las pedirían directamente, pues no sabrian como hacerlas, y así podría controlar y guardar el secreto de sus recetas.
Mientras explicaban esto a los vecinos, como he dicho, uno por uno, los señores solitarios, comenzaron a construir en un lugar apartado de la isla, lo que llamaron “invernaideas: los inverdaderos de tus sueños, donde todo lo que almacenas permanecera intacto, impoluto, inamovible (esto por hacer un guiño a los esloganes/slogans de…el corte ingles, o de algunos bancos por ejemplo…). Se trataba de enormes naves que se extendían hacia el horizonte. En ellas se leian letreros en sus puertas, como: musicas de cantautor, grupos pop ingleses, libros infantiles, poemarios, inventos varios, libros de matematicas, pedagogía o diseño… y asi hasta agotar cualquier título que pudiesemos imaginar…

Al mismo tiempo que los “señores solitarios” iban tratando de hablar con cada colaborariano, entre ellos ya comenzaban a debatir sobre el tema.  Se escuchaba en las plazas cosas como : “Estos y estas señores tienen razón, si yo tengo una idea, es mia, y solo mia, y quien quiera cogerla tiene que pedírmela a mi, o comprármela”.  A esto había respuestas como: “Pues yo no pienso como tú, a mi me gusta compartir lo que pienso, y me gusta que los demás me enseñen como mejorar mis ideas, porque así conseguimos que sean mejores. Además, prefiero trabajar y vivir con los demás que solo como esos hombres”. ”Yo pienso meter mi fruto en su invernadero,porque ellos me garantizan que estarán protegidos de cualquiera que quisiera cogerlos”
Otra de las frases que solían escucharse en estos debate era que “copiar el fruto de la idea de otra persona era lo contrario a crear, y que significaba no tener imaginación”. En cambio, otros argumentaban que “copiar era multiplicar, y multiplicar era bueno, o que copiar era el principio de la creación”.


Mientras esto ocurría por las plazas, aprovechando el debate y la confusión entre los vecinos, una noche preciosa de primavera, los “hombres solitarios” se acercaron al gran árbol del conocimiento que como sabemos, era lo que permitía la conexión, el trabajo y el compartir-cocrear-coaprender entre todos. No dijeron nada a nadie, no pensaron(o sí?) que aquello era de todos, sabían que ponían en juego el modo de vivir de toda Colaborabora, querían el poder y el control sobre aquel Árbol Fantástico.  Eran solo unos pocos, con grandes motosierras, que cortaban en un segundo, ramas que habían tardado en crecer muchos meses pues los procesos de trabajar en común a veces llevan tiempos largos.

Pero sabían que no podían cortar demasiadas, al menos al principio, tenían que ir despacio si querían convencer a los colaboraborarianos de que metieran en sus invernaderos los frutos.

 

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¿Qué te ha parecido?

¿Modificarías algo?

¿Se nos escapó algún gazapo?

¿Tienes alguna propuesta sobre la continuación del cuento?

Tu también puedes participar en la creación del Mito de Hackerina.

Te agradecemos que nos hagas llegar tu opinión a través de los comentarios!!

….seguimos…

 

Categorias: blog, relatos colectivos

About ernoname

Frikitecto, dinamizador, artivista… Me muevo entre el diseño, producción y gestión de procesos sociales mediante las tecnologías, lo relacional y lo artístico. A través de prácticas de código abierto, integro en mi trabajo la identidad, el patrimonio y el urbanismo emergente. Suelo bregar activamente con la creatividad social y las prácticas colaborativas enredado en proyectos como “Larache se Mueve”, “robinsonesurbanos.org” o “Mapeándonos.net”.

Hay 3 Comentarios por ahora

  1. Manoli dice:

    “…el primero era el que llevaba la voz principal, el que justo iba detrás hacía lo que él decidía, el 3º lo que decía el 2º y así hasta el último”
    YO AÑADIRÍA:
    Todos hablaban en eco, sin pensarlo, imitantdo las palabras, su tono, su volumen, su pronunciación exacta. Sin fijarse en su contenido o signigficado. Estos habitantes eran los “Ecorianos Lorianos”, pues repetían las frases como los loros.

  2. izita dice:

    jajaja….me encanta
    loritos,loritos,lorianos…

    estamos ahora mismo revisando esta parte

    …seguimos!!
    bien!


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